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El zapato de otro
 Nos cuenta Plutarco en una de sus historias, que en aquellos tiempos de la antigüedad había un romano que decidió separarse de su mujer abandonándola. Sus amigos le recriminaron por ello, pues no veían claros los motivos de aquel divorcio: - ¿No es hermosa? -preguntaban. - Sí. Lo es. Y mucho. - ¿No es, acaso, casta y honrada? - Sí. También lo es. Extrañados, insistían en conocer el motivo que había llevado a su amigo a tomar una decisión tan extrema. El romano, entonces, se quitó un zapato y mostrándolo a sus amigos, preguntó: - ¿Es bonito? - Sí. Lo es -dijeron ellos. - ¿Está bien construído? - Sí. Eso parece -todos aprobaron. Y entonces él, volviéndoselo a calzar, les aseguró: - Pero ninguno de ustedes puede decir dónde me aprieta. De ahí viene la típica frase que hemos oído alguna vez: "¿Dónde me aprieta el zapato?" Nadie puede saberlo sino el mismo que lo usa. Nadie más que uno mismo puede estar en sus propios zapatos. Los cheyennes, indios americanos, tienen una frase que encaja con lo expresado. Dice: "Para conocer a una persona, hemos de andar muchos kilómetros con sus propios mocasines". Algo similar al proverbio español: "No conocerás a nadie hasta haber consumido con él un saco de sal". De ahí el respeto que nos han de inspirar las decisiones ajenas. Siempre corresponden a situaciones que desconocemos. Y es que no estamos en los zapatos de la otra persona. ¡Sepamos dónde nos aprieta el zapato! Pero evitemos juzgar dónde les aprieta a los demás... Eduardo Criado
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Te invito a volar
Cuando estés relajado, tranquilo, y tu imaginación se disponga a soñar, cierra los ojos y sentirás cómo mi mano toma la tuya para llevarte a volar sobre mi isla. Nos elevaremos despacito, sintiendo la cálida brisa acariciándonos y el sonido de las olas rompiendo en los acantilados. Sobre un mar verde, transparente y limpio, los botes de los pescadores se van acercando a la isla para vender su pescado fresco, chicharros y viejas aún enganchados en las redes, que brincan sobre el suelo de las pequeñas embarcaciones. 
Pasaremos sobre pueblos blancos que huelen a pan recién hecho y veremos a los labradores que, encorvados, trabajan sus vides o siembran papas y hortalizas. Al pasar por las plataneras algún perro guardián nos saludará con sus ladridos y la mujer del vigilante, que en el corral da de comer a las cabras y los conejos, lo silenciará a gritos para poder escuchar el canto de su hija mientras riega las flores del balcón.  Alejándonos de la costa, seguiremos subiendo para acercarnos a los pinares que cubren las medianías de las altas montañas. Volaremos bajito para poder disfrutar del aroma de los pinos, que se cimbrean cadenciosos al compás de la brisa y, en uno de los claros del bosque, cubierto por una alfombra de florecillas blancas y amarillas, podremos descansar unos minutos antes de remontar el vuelo hacia la cima de las montañas.  |
Marrones, negros, rojos, amarillos, blancos... infinitos colores indescriptibles son los de la tierra que cubre las cumbres, apenas sin vegetación, desde donde majestuoso, a lo lejos, se divisa el padre Teide con alguna que otra cana que, del pasado invierno, aún conserva en esta época. Nos adentraremos por las cañadas entre ríos de lava petrificada y llanuras de arena blanca y, al fin, estaremos a los pies del Teide, rodeados de sus guardianes, inmensos monolitos que, sin intención, te hacen sentir pequeño. Mientras se difumina la estela de colores rojos y naranja que, al caer la tarde, el sol ha dejado en el horizonte, esperaremos la llegada de la noche viendo cómo se va cubriendo de estrellas el cielo, tantas que parece no quedar lugar para una más y tan cerca que temeremos tropezar con ellas en nuestro vuelo.    Lo aceptamos. Nunca nos crecerán alas. Pero aún tenemos nuestras manos para tocar el cielo... 
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Donando sangre...
Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita Llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatirla. El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana.  Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: Sí, lo haré, si eso salva a Liz. Mientras la transfusión continuaba, el estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Él miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa ¿A qué hora empezaré a morirme? Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aún así se la daba. Da todo por quien amas.  Desconozco su autor
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MADUREZ
 Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción. Madurez es paciencia. Es la voluntad de posponer el abrazo inmediato en favor de un beneficio de largo plazo. Madurez es perseverancia, es la habilidad de sacar adelante un proyecto o una situación a pesar de fuerte oposición y retrocesos decepcionantes. Madurez es la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin queja ni abatimiento. Madurez es humildad. Es ser suficientemente grande para decir "me equivoqué". Y cuando se está en lo correcto la persona madura no necesita experimentar la satisfacción de decir "te lo dije". Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades para al fin no hacer nada. Madurez significa confiabilidad, mantener la propia palabra, superar la crisis. Los inmaduros son maestros de la excusa. Son los confusos y desorganizados. Sus idas son una confusión de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad. Madurez es el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar.
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 El que siembra un campo, cultiva una flor o planta un árbol es superior a los demás
| | John G. Whittier |
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En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir..... El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. Pablo Neruda
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Feliz 2010
Comienza un nuevo año y con el un mundo de oportunidades se abre ante nosotros. El momento es propicio para reflexionar internamente sobre experiencias pasadas, situaciones presentes y el porvenir. Para aprender del pasado, disfrutar el presente y construir un futuro mejor. Si nos detenemos por un momento y hacemos una pausa para mirar hacia atrás, podremos darnos cuenta que nos encontramos exactamente donde nos han traído nuestras acciones pasadas. El ser humano construye su futuro día a día mediante sus pensamientos, palabras y acciones, y estas a su vez van moldeando el presente. Algunos pueblos que han tomado consciencia de la importancia de los actos de cada uno de sus habitantes para la consecución de un fin común, han incorporado a sus culturas la tradición de los propósitos a alcanzar en el año nuevo. Esta tradición es muy sencilla. En ella cada persona se traza metas que hasta ahora no ha podido alcanzar, o no se había planteado y se hace el firme propósito de lograrlas durante el año que recién comienza. Puesto que según la tradición esto ocurre generalmente en alguna reunión social relativa al nuevo año, puede ser la cena de fin de año o la primera reunión de familiares y amigos del año que apenas comenzó, es costumbre comunicarse entre los concurrentes sus propósitos para de esta manera intercambiar opiniones sobre la mejor manera de lograrlos y obtener el apoyo necesario de quien este dispuesto a brindarlo para concretarlos, y si ocurre que se encuentran personas con propósitos comunes, unir esfuerzos para facilitar su consecución. Esta tradición no esta limitada exclusivamente a propósitos individuales, pueden plantearse también propósitos familiares, de grupo, sociales y hasta mundiales, y de esta manera poner un granito de arena para construir un mundo mejor, el mundo que todos en el fondo deseamos. Con el pasar del tiempo nuestra voluntad se fortalece y nos sentimos cada vez más capaces de lograr lo que nos propusimos; y no solo eso sino que también sentimos la necesidad de hacer algo por aquellos que hasta ahora no se han propuesto lograrlo pos si mismos, y comienza entonces un proceso de crecimiento en el cual nos volvemos conscientes de que somos dueños de nuestros destinos y capaces de utilizar nuestra voluntad en formas cada vez más creativas y constructivas. A partir de ese momento vemos los obstáculos solo como situaciones a superar y de las cuales aprender, el contento se abre paso entre los lamentos, la alegría vence a la tristeza y la esperanza, la seguridad y la confianza reinan donde antes se encontraba el temor. Siempre podemos escoger entre vivir el mundo cual lo conocemos o cambiarlo en el que deseamos, la decisión al final es de cada uno según decida ejercitar su libre albedrío. Que este nuevo año nos brinde paz, amor, salud, armonía, unión, felicidad y prosperidad. 
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